miércoles, 21 de junio de 2017

CABALLITOS DE COLORES - PRIMAVERA DE MICRORRELATOS INDIGNADOS




La madre le promete que dentro de poco le comprará aquellos pantalones y el suéter del escaparate y las zapatillas de color rojo. La niña imagina que todos esos artículos que la madre menciona van dentro de las bolsas que las señoras y las chicas de su edad llevan en las manos al salir de las tiendas.

La calle está febril de tanta luz, tanto color, tantas voces juntas que proclaman la felicidad, el amor al prójimo, y esa palabra tan almibarada: solidaridad.

Es la época de ello. De decirlo en voz alta, de darse abrazos y apretones de mano, de quedar para tomar copas y bastos. Es lo que toca, lo dicen hasta los anuncios de esos escaparates, en la televisión de los escaparates, en el tañido de las campanas de las iglesias, en las pancartas del balcón del Ayuntamiento.

 Y después iremos a la feria, añade la niña, a montar en los caballitos de colores. Y compraremos algodón de azúcar y subiremos a la noria. Luego comeremos la hamburguesa más grande y muchas patatas fritas, dice la madre con una triste sonrisa. La niña tirita y acurruca su cuerpecito junto al de la madre. Y la mira como solo se mira la esperanza, sin dejar de extender la mano para pedir una limosna por amor de dios.

sábado, 27 de mayo de 2017

PARA EL BIC NARANJA: VIERNES CREATIVOS



“Solo piensas en ti, Felipe”
Esta es la frase que recuerdo haber oído con más asiduidad en casa. Madre secándose las manos en el delantal mirando a padre. Él, cabizbajo, moviendo la cabeza en señal de afirmación. Madre no lo veía, yo sí. Veía a padre sonreír. Una ligera curva de su labio superior, tapado por el bigote. En el fondo, satisfecho de haber logrado uno de sus muchos caprichos.
Esta vez ella le dijo que no quería ir, que marchara él solo, que prefería quedarse con nosotros, donde hacía más falta. Padre, como siempre, la miró a los ojos, le dijo que habían sido unidos para siempre y que había llegado el momento, que estaba todo arreglado, que un amigo les ayudaría a llegar al otro lado.

Madre se quitó el delantal y le siguió. Padre la tomó de la mano y salieron de casa hacia el lago. Subieron a las barcas. Él, desconfiado, la agarró fuerte para que no se soltara. Las barcas fueron arrastradas hasta que se perdieron entre la niebla que olía a tristeza y resignación.

viernes, 7 de abril de 2017

Para El bic naranja- Los viernes creativos

No sé cómo consigues hacerlo, pero siempre me engañas. Me convences para hacer una excursión. Da igual que sea la playa como la montaña, suave o agreste, solitaria o concurrida. Tú desapareces. Me dejas sola en medio de esa nada que es el mundo sin tu presencia. Intuyo que te conviertes en piedra, en arena, en concha de mar, en musgo. 
El otro día, en ese paraje desértico que a ti te recordaba al del Señor de los anillos. Cualquier excusa es buena. Sigo esperándote. Aunque no te echo de menos como las otras veces. 
Debo reconocer que Frodo es muy divertido.



domingo, 2 de abril de 2017

MICRORRELATOS PUBLICADOS EN NARRATIVAS



Era un día de esos

La luz apacible. Tímida. El aroma del primer café de la maña­na. La contemplación del inicio de la vida en las calles del barrio. Los sonidos familiares: la salida apresurada de la vecina con los niños. El ladrido afónico del perrillo de Carmen. El chirrido de los hilos del tendedero de la del quinto. La primera llamada para entrar al colegio de la esquina. «Do-mi-sol-do. Do-sol-mi-do». El mismo acorde que suena en el teatro antes de comenzar un con­cierto. Esos momentos de soledad calmada.
Era, sí, un día de esos que apenas duraban, que se repetían escasamente. Uno de esos en los que ella no salía de casa, que gus­taba de permanecer envuelta en el silencio, sin escuchar la radio, ni ver la televisión, hasta la tarde.
Un día de esos en los que la luz va dando paso a una penumbra angustiosa, lentamente, como un collar frío de perlas que ahoga el cuello, hasta que el silencio se rompe de manera abrupta con el ruido de una llave en la cerradura.


Canguros

Ahí están, sentados en el sofá desde hace un par de horas. Mo­hínos, con la mirada gacha, incapaces de pronunciar una sola ex­cusa, asintiendo atónitos a las agrias palabras de su hija.
Que si la sopa estaba caliente, que si la siesta, que si no tenéis cuidado con el columpio. Un caudal de reproches. Se miran sin comprender qué ha sido de aquel rostro angelical, de aquella son­risa luminosa, de aquella niña que parecía tan dulce y cuyas fotos están repartidas por toda la casa. Y recuerdan sus desvelos, sus cuidados, su dedicación.
Observan temerosos a ese pequeño energúmeno, ese calco que ya les amenaza con el biberón.


La nevera de Sor Asunción

Es un bendito. Ni la propia madre lo ha escuchado llorar desde que lo parió. Mañana le daremos el alta. Ella saldrá por una puerta y los Pérez-Anglada entrarán por la otra. Rezaré para que un día llegue a ser médico, militar o arzobispo. A la madre le hemos di­cho lo de siempre, la letanía de los angelitos. Algunas descreídas solo se tranquilizan cuando sienten el helor entre sus brazos.



Canción de cuna

La madre mecía al niño en una de esas cunas de mimbre que se sujetan a un arco y el capazo queda suspendido en el aire. La cria­tura sonreía. Unos graciosos hoyuelos, como los de su padre, se marcaban en sus mofletes. Entornaba los ojos y los volvía a abrir. En cada vaivén veía el rostro perfilado de su madre.
En cada vaivén, un cosquilleo en el estómago le hacía encoger las piernas, como si viajara por una carretera llena de baches.
El techo se cubrió de estrellas. Vio la luna como si se reflejara en un cristal. Agitó las manitas en un intento de aferrarse a un objeto concreto.
Algunas noches aún se escucha un llanto desolado en el firma­mento.



Loca


Solía sentarse sobre el alféizar de la ventana, frente al balcón de mi casa. Blanca y etérea como si aguardase un soplo de viento que la llevara lejos. Con el tiempo, se convirtió en un elemento decorativo de la fachada. Y dejé de prestarle atención para ocu­parme de otros asuntos más novedosos. Sin embargo, un día un jilguero azul se detuvo a su lado. Cada mañana regresaba junto a ella. Días después me pareció observar que la piel de la mujer iba adquiriendo tintes cerúleos. Mis sospechas se confirmaron a las pocas semanas. La mujer se posó sobre el alféizar, agitó las alas y se elevó hacia el cielo. El jilguero quedó inerte junto a su ausencia.


 



THE KISSERERS

Se encontró con la propaganda al abrir la puerta de casa. Se agachó. La recogió dispuesta a tirarla a la basura, sin embargo…
«Sabemos que es usted una mujer romántica, que los fines de semana ve varias películas en la televisión de pago. Que llora de emoción, con el regazo rebosante de palomitas y babas, con los besos que el protagonista –siempre un apuesto galán del cine ame­ricano en blanco y negro– le da a su chica. Esa chica que usted as­pira ser. Sabemos que es usted tímida, tanto que roza la estupidez. Y que con estas características ningún hombre se lanzará a besarla como usted desea.
Sabemos que esto, su afición a los besos románticos, de torni­llo, con los ojos entornados, de ensueño, es su inconfesable secre­to. Cree que está sola, que no hay nadie en el mundo que sienta como usted, nadie que comparta su anhelo.
Queremos decirle que está en un error. Y que todo tiene solución.
Somos el grupo internacional de coaching The kisserers. La mayoría de nuestros coachers han sido alumnos de la famosa aca­demia Kiss screw de Hollywood. Todos ellos poseen amplios co­nocimiento de las herramientas necesarias para lograr su objetivo personal.  En nuestra página web: internationalkisserers.org encontrará la persona adecuada, tanto si sus inclinaciones se dirigen hacia un hombre o hacia una mujer.
Si usted, finalmente, decide ponerse en contacto con nosotros podrá escoger la facilidad de pago que más le convenga. Tenemos un bono semanal, con preferencia de viernes o sábado, uno men­sual, uno trimestral y uno anual.
No lo piense más. Visite nuestra página web. Y realice su sueño más íntimo.
En el hipotético caso de que nuestra oferta no fuera de su agrado, más tarde, cuando vea de nuevo una película romántica y añore esos besos atornillados que adormecen las lenguas de los protagonistas, que le jodan.


Caza menor


Sonreía mientras lo veía correr espoleado por el pánico.
El eco aplaudió su puntería. Satisfecho, recogió de boca de su lebrel un pedazo de tela de rayas.




MICROSAURIOS REUNIDOS - Barberà del Vallés






lunes, 13 de marzo de 2017

PRESENTACIÓN LUNA DE PERIGEO - BAR MARTÍNEZ - MADRID

En la sencillez de un día, como dijo Kike Parra, tomamos el aperitivo con luna incluida a la salud de Ana Vidal en el Bar Martínez. Ir a Madrid es como viajar a casa de uno mismo. Madrid, esa inmensa ciudad, acogedora, caótica para quienes vivimos en otra más pausada, pero llena de amigos que te reciben con los brazos abiertos.

Los generosos abrazos de Julio Jurado y Manuel Rebollar, la calidez de mi amiga Esperanza Temprano, las hermosas sonrisas de Beatriz Alonso Aranzábal Cristina Requejo, el ponerse de puntillas para poder darle dos besos a Manu Espada,que me cuesta cada vez más porque creo que me encojo con los años (mardita sea), la amistad sin fisuras de mis amigas de Valencia y volver a ver a una persona encantadora como es Ana Canturiense
Y, por fin, conocer en persona a Silvia Fernandez Diaz y a Ana Grandal. Conversar con ellas y darte cuenta de que parece que las conoces de toda la vida.
No faltaron a la cita mis amigas de Talentura LibrosShara Martin y Marisa Belmonte, Paty y Carlos. No pudo venir Mariano Zurdo porque andaba departiendo con el señor Mozart. Palabra mayor. Se perdona. Los que sabemos lo que son los ensayos, lo entedemos.
Pero es de agradecer mucho, mucho. Una señal de que la literatura une.
Rosana Alonso quien, además de escribir el prólogo del libro y trabajar conmigo hasta el la luna salió, hizo una presentación generosa, como es ella, lo justo, como si fuera un microrrelato y luego se leyeron algunos, con luz tenue y anecdótica.
Y la mejor lectura, sin ninguna duda, la puso el más animoso de la mañana, al que no hubo que pedir que leyera. Se sentó frente al micrófono, como si lo hubiera hecho toda su vida y disfrutó y disfrutamos y aplaudimos. Esta criatura se llama Daniel, como un calco de su padre, Manu Espada.
Hubo imponderables para algunos de los que quisieron venir y no pudieron, aunque su ánimo estaba. De verdad.
Una mañana de buenas compañías, de lectura, de risas, de conversaciones, de complicidades, en suma. 
Y yo, feliz.















PRESENTACION LUNA DE PERIGEO- WAYCO / BIBLIOCAFÉ


Siempre es agradable presentar en la sede de Bibliocafé.
Casi no llego a tiempo. Era 8 de Marzo, días anteriores a Fallas y día de la Mujer. València atascada. Una manifestación reivindicativa. Un poco caótico pero necesario.

Tuve una presentadora de excepción: Ana Anón que se trajo consigo a algunas de sus alumnas de su curo de microrrelatos.


Habló de mis anteriores libros, de las novelas y de Discordancias.



PRESENTACION LUNA DE PERIGEO EN LIBRERIA NOVIEMBRE- BENICÀSSIM








jueves, 9 de marzo de 2017

PRESENTACION LUNA DE PERIGEO - LIBRERIA BARTHLEBY




CRÓNICA DE LA PRESENTACIÓN DE "LUNA DE PERIGEO", de Elena Casero Viana, editado por Enkuadres. Librería Bartleby, Russafa, martes y 13 de diciembre de 2016.
Me ...pongo a escribir esta crónica justo después de escuchar un discurso feminista de Madonna. Comienzo con tres hombres montados en un coche sin la ITV pasada. Esos tres tipos somos Sergi Martínez, editor de Enkuadres, Toni Espinar y yo, de camino a la librería Bartleby, donde Elena Casero Viana va a presentar su sexto libro, “Luna de perigeo”. Y quizá diga lo de sexto no tanto para recrear sonidos de bombo y platillo, sino para escribir una frase que empiece así: “Elena Casero Viana es una escritora a quien le han publicado seis libros y no es un hombre al que le han publicado seis libros…”. Valencia estaba a oscuras y en las calles ya había luz cuando llegamos a Bartleby. Dentro vi a Elena, entre esa luz amarilla y llena de libros que suele haber por las tardes en su interior. Faltaba media hora para que comenzara el evento y ya había gente esperando. Toni, Sergi y yo nos fuimos a tomarnos una al bar de enfrente. Todas las buenas librerías tienen un bar enfrente. Y estando allí, cerveza en mano, apareció Mariano Zurdo, editor de Talentura. Mariano vive en Madrid. Mariano se había subido a un autobús para estar en la presentación de Elena. Mariano era una sorpresa, sobre todo para ella, pero también para mí, y para las hijas de Elena, que lo vimos en la calle, un lugar en el que las sorpresas son un poco más sorpresa. Aunque el grito ocurrió dentro de la librería, con Elena firmando libros (sí, antes de que empezara la presentación ya había gente haciendo cola). Elena estaba abrazada a un boli y a un libro mientras escribía un par de líneas a mano, y creo recordar que Mariano dijo algo en voz alta y ella levantó la cabeza y durante medio segundo no creyó lo que estaba viendo, hasta que un grito suyo le dijo que sí, que allí plantado estaba su amigo y el hombre que más la ha publicado en este mundo. Ese momento trajo más cervezas y más vinos, gente que acudía a la cita, que iba llenando de rostros el espacio de luz amarilla y de libros. En instantes como este uno puede sentir que está cerca de comprender algo extraordinario. A todos nos habrá pasado. Pasó. Y fue sobre ese estado de ánimo desde el que abrimos la presentación. Gente sentada, gente de pie. Gente mirando hacia Elena. Gente esperando que hablase de su libro. A Elena Casero le ocurre lo mismo que a Elena Garro, que sus libros no necesitan de fajas de ningún tipo para que el lector se entere de su calidad literaria. Basta con leerla y escucharla. Elena suele hablar como si estuviera en su casa junto a más gente, como si esas personas con las que está tuvieran su cariño. Tal cual. Por eso le dije un par de días antes que mi labor en la presentación iba a consistir en eso: hacerla hablar. Elena cuenta que tiene sesenta y dos años y nos lo creemos. Pero dice cualquier otra cosa, y lo mismo. Elena habla de literatura como si hablase de lo que hay bajo la piel de su brazo izquierdo. Habla de la escritura como si mirase en un microscopio los glóbulos rojos. Y a mí me fascinó ver cómo las personas que estaban en Bartleby le prestaban esa clase de atención que no es solo atención (les pasaba hasta a las cámaras de fotos). José Luis Sandín leyó con tono sosegado unos cuantos micros y Elena se puso seria y rió, o al revés, unas cuantas veces. Yo le hice preguntas. Y durante un buen rato no hubo paredes ni huecos ni estanterías a nuestro alrededor, sino personas que habían ido a estar al lado de Elena. Hay frases incómodas, que a veces se tienen que escribir y leer en voz alta para ver si dejan de ocurrir: Elena es una mujer a quien le han publicado seis libros y no es un hombre al que le han publicado seis libros, por lo que cuesta dios y ayuda encontrar una entrevista suya en Internet. Y eso que Elena, cuando le preguntas algo, te dice las cosas como son. Elena es de barrio y es de pueblo, y tienen no sé cuántos mundos en la cabeza… Con esto se me entiende, ¿no? Luego hubo más firmas, más cola hasta la puerta. Hubo más luz amarilla y más libros. Más copas de vino y más dedicatorias. Mientras ocurría todo esto, me acerqué una cuantas veces a besar a mi hijo, que andaba por allí con sus cinco años y su suéter verde con la camiseta interior saliéndose por debajo. También hubo manos que se posaron sobre la barriga que guardaba otro hijo esperado para el 16 de diciembre, Ferran, el primer nieto de Elena. Seguramente, en el séptimo libro de Elena Casero Viana haya una dedicatoria para él.











viernes, 11 de noviembre de 2016

100 AÑOS DEL TEATRO OLYMPIA



Largo al factotum

La labor de periodista tiene momentos muy gratos. Ayer tuve el placer de conocer a uno de los más grandes barítonos de todos los tiempos: Riccardo Stracciari.
Meses atrás concerté una entrevista con su representante, cuando supe que él y su compañía de ópera habían sido contratados para la inauguración del teatro Olympia, con la representación de cuatro óperas “Il Barbieri di Siviglia”, “Rigoletto” “Tosca” y “Manón”.

A las diez de la mañana, con tiempo de sobra para charlar antes de su ensayo general, lo recogí en el hall del hotel Reina Victoria. Al pie de la escalera encontré un hombre de mi estatura, de porte elegante. Vestía traje de color marón y un abrigo negro sobre su brazo izquierdo.

— Félix Azzati, Direttore del quotidiano El Pueblo. Molto lieto di conoscerla. Benvenuto a Valencia.
— Riccardo Stracciari, É un vero piacere venire a Valencia all’ inaugurazione del Teatro Olympia.

Sonrió. Apenas habíamos comenzado a caminar cuando se percató de que me había presentado utilizando su idioma y de mi apellido, Azzati.
Sonreí yo también.
— Aunque nací en Cádiz, soy hijo de italiano — le dije. — Mi padre se llama Giovanni. Es músico y director de orquesta. Exiliado. Su apoyo a Garibaldi le costó un poco caro. Ahora se dedica a arreglar paraguas y lañar cacharros. Es conocido en la ciudad por el nombre de Juan y por cantar su oficio entre arias de ópera y poemas italianos. Igual recita a Leopardi, como habla de Mazzini. A su lado, he callejeado por esta ciudad portando la caja de sus útiles.
El barítono me escuchaba con mucha atención. Su mirada, directa, estaba impregnada de franca simpatía.
Su acento boloñés, ligeramente distinto del mío, modulado en su potente voz me hizo reconocerme en el idioma materno. Hablamos de sus éxitos por todo el mundo, de la ópera y de las veces que ha representado el papel de Fígaro. Y lo hizo con tal intensidad, que me llevó a entender la pasión y la añoranza que muestra mi padre cada vez que canta o dirige mentalmente una obra mientras arregla un paraguas.
Quiso que le mostrara alguna zona de la ciudad mientras continuábamos conversando. Desde el hotel Reina Victoria nos dirigimos hacia las obras del nuevo mercado de Colón.
— El estilo modernista ha entrado con fuerza en Valencia. En poco tiempo se convertirá en una ciudad nueva. En estos momentos contamos ya con varios teatros y la inauguración del Olympia es una muestra más de este proceso de adaptación a los nuevos tiempos.
Su conversación es amena. Es un hombre culto, que ha recorrido medio mundo.
Desandamos el camino y llegamos hasta la nueva estación del ferrocarril que él había observado a su llegada. Desde allí, atravesamos la plaza de Emilio Castelar. Le mostré el Ayuntamiento, aún en construcción.
— Estamos muy cerca del teatro Olympia. Hasta hace poco había un convento en su lugar. El Convento de San Gregorio para mujeres arrepentidas. Una gran obra de urbanización de la ciudad. Le gustará el trabajo del arquitecto, don Vicente Rodríguez. Yo no lo he visto por dentro, pero comentan que es espectacular. Lo comprobaré esta noche, después del ensayo general. Hay prueba de luces a las cuales he sido invitado en mi calidad de periodista.
Nos despedimos afablemente a la puerta del teatro hasta el día siguiente.

Mi padre, Juan como todo el mundo lo conoce, esperaba a la puerta de su casa, nervioso como un niño ante la inminente llegada de su cumpleaños. Hacía tiempo que no veía en su rostro tanta felicidad. Junto a mi madre y mi esposa, llegamos caminando desde su casa en la calle de las Barcas hasta el teatro Olympia. A las puertas se agolpaba una gran concurrencia y muchos curiosos que admiraban la iluminación y el aspecto del teatro.
Tomamos asiento en el palco platea. No fue fácil desembolsar la cantidad de ochenta y cinco pesetas por el abono de las cuatro funciones, pero creí que merecía la pena el esfuerzo. Deseaba que mi padre se sintiera como un personaje más de la ópera o como el director que tanto añoraba. A las nueve en punto sonó la obertura.
Mi padre se incorporó en su silla y apoyó los brazos sobre la barandilla del palco para observar la orquesta. Y las primeras lágrimas comenzaron a aflorar. Al finalizar la obertura se alzó lentamente el telón.
Stracciani demostró desde las primeras notas que es un gran artista, uno de los mejores del mundo, completo, perfecto. Su graduación de matices es excelente. Su voz aterciopelada, su técnica belcantística perfecta para el canto legato. Su fraseo, su dicción exquisita. Se movía por el escenario con desenvoltura. Y su caracterización en el papel del astuto Fígaro, fascinante.
Mi padre apenas parpadeaba. Seguía los movimientos de los músicos. Su mirada fluctuaba entre los arcos de los violines y las manos del director, mientras cantaba el papel de Fígaro con voz queda. Emocionado, se enjugaba las manos en un pañuelo.
En los entreactos, comencé a escribir lo que sería mi crónica del diario “El Pueblo” del día siguiente:
“La espléndida iluminación de la fachada aumentó la curiosidad del público, ya bastante avivada por los anuncios y comentarios de estos días, y frente al coliseo estacionóse una multitud antes y después de la función y sirvió de adecuado marco al brillante desfile de quienes la presenciaron. La artística suntuosidad del teatro aparecía realzada por la presencia de bellísimas mujeres

“Hermosas y simpáticas jóvenes, uniformadas con gusto, ejercían amablemente los oficios de guardarropas y acomodadoras. Pollos hubo que entregaron y retiraron el abrigo en todos los entreactos, y que cada vez que entraban en el salón preguntaban por el paradero de sus respectivas localidades”

Al observar a mi padre durante toda la representación sentí, acaso por primera vez en mi vida, la desazón de no haber estudiado música, de no haberle concedido ese deseo pese a su insistencia y haberme dedicado a dos tareas menos placenteras y agradecidas: el periodismo y la política.

“No menos insinuante y, en el canto, afortunada, estuvo Graziella Pareto. La eminente soprano conserva frescas las facultades que tantos aplausos le han conquistado”

“Ambos cantantes merecieron también grandes aplausos en el dúo del segundo acto, cantado irreprochablemente y matizado a la perfección”

El teatro, lentamente, fue quedando vacío. Mi padre continuaba en ese estado de letargo que sigue a un feliz sueño.
Recogimos nuestros abrigos y aguardamos en la cafetería del teatro al señor Stracciani. Con la emoción contenida, mi padre abrazó al barítono. Conversaron. Resurgió el músico, el director, el ciudadano italiano. Mi padre insistió en acompañar a Stracciani hasta el hotel. Tomados del brazo, como viejos conocidos, uno de los dos comenzó a entonar:

Sono il factotum della citta,
Y al momento, dos voces más, bien empastadas, llenaron las calles de la ciudad
Sono il factotum della citta,
Sono il factotum della citta,
della citta, della citta,
Della citta!!!
La la la la la la la la la!













CABALLITOS DE COLORES - PRIMAVERA DE MICRORRELATOS INDIGNADOS

La madre le promete que dentro de poco le comprará aquellos pantalones y el suéter del escaparate y las zapatillas de color rojo. La n...