sábado, 25 de noviembre de 2017

DUELO INFINITO del libro de microrrelatos LUNA DE PERIGEO



DUELO INFINITO

Sentados a una mesa, cuatro figuras envueltas en el humo de los cigarrillos juegan al póker. Modesto, acodado detrás de la barra, los observa. De vez en cuando agarra el vaso y se echa un trago de cazalla que cae en su estómago como un arponazo. Los cuatro hombres se cubren la cabeza con sombreros de fieltro. Sobre la mesa, el barniz de las culatas de sus semiautomáticas produce sutiles destellos.

Modesto mira el reloj de la pared. Bosteza. Faltan cinco minutos para las doce. Saca un paquetito con las uvas y se prepara para el consabido ritual. En ese momento, uno de los hombres se retira el sombrero hacia atrás, extiende la mano sobre la mesa y muestra las cartas. Los otros, pistola en mano, se ponen en pie. Modesto se toma las uvas al compás de los disparos que ahogan el sonido de las campanadas. En el eco de la última, el humo y las figuras se desvanecen en el silencio. Modesto suspira. Se acerca a la mesa. La limpia y la arrincona hasta el treinta y uno de diciembre siguiente, que comenzará de nuevo el infernal duelo infinito.

(imagen tomada de internet)

viernes, 10 de noviembre de 2017

TRILLIZAS - Para los viernes creativos de Ana Vidal



Os odio. Nací la primera de las tres. Vosotras dos, unidas por las manos, no superasteis el contacto con el mundo. Ya hice lo posible para conseguirlo. Sin embargo, vuestro espíritu crece al mismo tiempo que mi cuerpo. Siempre juntas, cuchicheando. Os veo por todas partes. Dos sombras permanentes en el recuerdo, sin poder acabar con vosotras. Tristes, llorosas. Como vírgenes dolientes. Y feas, muy feas. Sé que me veis, que me perseguís, que me envidiáis, que me ignoráis, como un castigo. No sabéis cuánto os odio.

martes, 31 de octubre de 2017

MANIFESTACIONES






Como cada día, siguiendo la tradición familiar, papá se manifiesta siempre a las seis de la tarde.

Cuando el abuelo murió, dicen que harto del carácter de la abuela, papá tomó el relevo. Lo suyo fue un accidente tonto.
Hasta el siguiente óbito familiar, deberá seguir apareciéndose en casa. Cuando viene le preparamos su mecedora para que descanse un rato. Ve la tele mientras merendamos, nos recuerda que hemos de terminar los deberes, mamá le repasa un poco el traje y luego, a eso de las nueve, se marcha.

Pero ayer, por error, no sé en qué estaría pensando, se apareció en casa de la abuela delante de sus amigas. Y ella, que tiene ese espantoso genio, lo puso verde. El pobre lo pasó fatal.  A punto estuvo de romper con la dichosa tradición y no volver a manifestarse.

Nosotros, aunque lo echamos mucho de menos como persona humana, rezamos mucho por la salud de la abuela.


jueves, 26 de octubre de 2017

UN BUEN DÍA DE PUBLICACIONES


Relato publicado en el suplemento ARTS del diario El Mundo de la Comunidad Valenciana.
Se trataba de escribir un relato en valenciano, relacionado con uno de los parajes protegidos que dependen de la Diputació de València. Yo escogí, por aquello de la proximidad geográfica a la cuna de mi familia, el denominado El Molon, en la zona de Camporrobles.
Y esto es lo que ha salido.


Y por otro lado,


En Cuentos para el andén han publicado dos de los microrrelatos incluídos en Luna de Perigeo.
El relato Ecos del pasado y Eulogio, el del quinto.

Se puede leer el número 61, aquí. Cuentos para el andén

domingo, 10 de septiembre de 2017

El tren salvavidas - Para los viernes creativos




En tu vida se concentran otras muchas vidas. Demasiadas para un hombre solo. Un exceso de momentos que desearías olvidar. Por esa razón, cuando todos esos momentos y esas vidas se convierten en un lastre, en un peso difícil de soportar, tomas un tren. Uno cualquiera, el primero que salga de la estación, no importa el destino.
Llevas en la cartera una fotografía en blanco y negro. Un niño y una niña sonrientes sentados sobre una caja de madera en un vagón de tren. Dos criaturas inocentes, que miran hacia fuera mientras en tren se pone en marcha. Y dicen adiós con la mano a alguien que no recuerdas.
Se sientas junto a la ventanilla. Las de ahora están siempre cerradas, imposibles de abrir. Normas de seguridad. No puedes subirte al asiento y aflojar la parte superior para que descienda el cristal. Da igual. En cuanto el tren inicia su camino, escuchas el traqueteo de las ruedas sobre las vías, cierras los ojos y acaricias la fotografía. Respiras hondo. Una corriente tranquilizadora recorre tus venas. Al abrir los ojos el paisaje es el que tú quieres ver desde tu mirada infantil. Los olores, los sonidos, las voces. Cuando la carbonilla se cuela en tus pupilas, lloras. Tus vidas desaparecen, los momentos se evaporan. El tiempo retrocede. Reconoces esa sensación como lo que llaman felicidad.
Cuando el tren se detenga y llegue a su destino, permanecerás en tu asiento. Después tomarás otro que te devuelva a tu vida para recuperar al hombre que habita en el discurso vacuo y en la mentira que te ayuda a sobrevivir en el mundo que has elegido.